Cultura

Neurocientífico revela a los 50 años cómo aprendió a controlar sus pensamientos

Irelsa Nuñez

Publicado: 22 de octubre de 2026

Basado en información de La Vanguardia

Neurocientífico revela a los 50 años cómo aprendió a controlar sus pensamientos

Andrew Huberman, reconocido divulgador científico especializado en neurociencia, compartió recientemente un hallazgo personal que describe como transformador: a los cincuenta años de edad, finalmente comprendió que es posible ejercer control sobre los propios pensamientos.

El experto ha desarrollado una rutina matinal que ejemplifica su filosofía sobre la atención consciente. Antes de levantarse de la cama, Huberman intenta mantener la concentración durante diez respiraciones completas. Aunque reconoce que algunas mañanas el cansancio y la falta de sueño provocan distracciones antes de completar el ejercicio, enfatiza la importancia de volver a centrar la atención en la respiración cada vez que la mente divaga.

Esta práctica forma parte de un enfoque más amplio que el neurocientífico propone para gestionar la actividad mental. Uno de los puntos centrales de su metodología consiste en aprender a distinguir entre las preocupaciones sobre las cuales podemos tomar acciones concretas y aquellas que escapan a nuestro control. Según explica, esta diferenciación resulta fundamental para evitar el desgaste mental innecesario.

Otra dimensión clave de su planteamiento tiene que ver con la capacidad de desconexión. Huberman sostiene que aprender a desconectar no representa una debilidad ni una evasión de responsabilidades, sino una herramienta esencial para sostener el esfuerzo y la productividad a largo plazo. En un contexto donde la hiperconectividad y las demandas constantes pueden resultar abrumadoras, esta habilidad cobra particular relevancia.

La perspectiva del divulgador científico ofrece un contrapunto interesante a la cultura contemporánea que frecuentemente glorifica la productividad constante y la multitarea. Su enfoque sugiere que la verdadera eficiencia mental no proviene de un estado de activación permanente, sino de la alternancia consciente entre períodos de concentración intensa y momentos de descanso genuino.

El hecho de que Huberman haya llegado a estas conclusiones a los cincuenta años subraya un mensaje alentador: nunca es tarde para desarrollar nuevas capacidades cognitivas y mejorar la relación con nuestros propios procesos mentales. Su testimonio desafía la noción de que ciertos patrones de pensamiento son inmutables o que la neuroplasticidad tiene límites rígidos relacionados con la edad.

Las técnicas que propone el neurocientífico no requieren equipamiento especial ni conocimientos técnicos avanzados, lo que las hace accesibles para un público amplio. La práctica de la respiración consciente, la categorización de preocupaciones y la programación deliberada de momentos de desconexión son estrategias que cualquier persona puede incorporar gradualmente a su rutina diaria.

Este tipo de divulgación científica resulta particularmente valiosa en una época caracterizada por altos niveles de estrés y ansiedad en diversos sectores de la población. Al combinar conocimientos neurocientíficos con aplicaciones prácticas y personales, Huberman ofrece herramientas concretas para mejorar el bienestar mental y la calidad de vida.

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