Etiopía y Eritrea rompen relaciones diplomáticas en medio de acusaciones de apoyo a rebeldes de Tigray
La región del Cuerno de África enfrenta una nueva crisis diplomática luego de que Etiopía y Eritrea decidieran cortar sus relaciones bilaterales, marcando el fin abrupto de un periodo de acercamiento que había comenzado apenas seis años atrás.
El gobierno etíope anunció el jueves el cierre de su embajada en Asmara, la capital eritrea, y declaró persona non grata a diez diplomáticos de ese país. La medida responde a graves acusaciones contra Eritrea, a la que Etiopía señala de proporcionar armamento y respaldo a grupos rebeldes que operan en la región norteña de Tigray.
La respuesta de Eritrea no se hizo esperar. Las autoridades en Asmara decidieron cortar por completo las relaciones diplomáticas con su vecino, profundizando así una crisis que amenaza con desestabilizar aún más una región ya marcada por múltiples conflictos.
Esta ruptura representa la mayor escalada de tensión entre ambas naciones desde 2018, año en que firmaron un histórico acuerdo de paz que puso fin a dos décadas de enfrentamientos y hostilidades. Aquel pacto había generado esperanzas de una nueva era de cooperación regional y le valió el Premio Nobel de la Paz al entonces primer ministro etíope.
El conflicto actual se centra en la región de Tigray, ubicada en el norte de Etiopía, donde grupos rebeldes han mantenido actividades insurgentes. De manera paralela a la crisis diplomática, estos insurgentes se adjudicaron la autoría de ataques con drones contra objetivos en Adís Abeba, la capital etíope, lo que añade una dimensión militar preocupante al deterioro de las relaciones entre ambos países.
Las acusaciones etíopes sobre el supuesto apoyo eritreo a los rebeldes tigrayanos representan un giro dramático en las relaciones bilaterales, especialmente considerando que históricamente ambos gobiernos habían compartido posturas similares respecto al conflicto en Tigray.
La comunidad internacional observa con preocupación este desarrollo, dado que tanto Etiopía como Eritrea son países estratégicamente importantes en el Cuerno de África, una región ya afectada por inestabilidad política, conflictos armados y crisis humanitarias.
El cierre de la embajada y la expulsión de diplomáticos constituyen medidas diplomáticas graves que usualmente preceden rupturas más profundas entre estados. La decisión de Eritrea de cortar totalmente las relaciones sugiere que la crisis no se resolverá en el corto plazo.
Por ahora, se desconoce si existen canales de diálogo activos entre ambos gobiernos o si la comunidad internacional intentará mediar en el conflicto. Lo que resulta evidente es que el acuerdo de paz de 2018, que había sido celebrado como un hito histórico, se encuentra ahora seriamente comprometido por esta nueva crisis diplomática.