Politica

A quince años del cese de la violencia, persiste la división política sobre el legado de ETA

Esfrailin Quezada

Publicado: 20 de octubre de 2026

Basado en información de EL PAÍS

A quince años del cese de la violencia, persiste la división política sobre el legado de ETA

Han transcurrido quince años desde que la organización terrorista ETA cesó su actividad criminal en 2011, sin embargo, el reconocimiento político de ese hecho histórico sigue siendo motivo de profunda discordia en España. La principal razón de esta falta de consenso radica en que el Partido Popular continúa identificando a la coalición política EH Bildu con la propia ETA, organización que fue formalmente disuelta en 2018.

Esta ausencia de acuerdo político contrasta marcadamente con el panorama que se vivía a comienzos de los años 2000. Durante la ofensiva terrorista de ETA entre 2000 y 2001, que dejó un saldo de 38 víctimas mortales, nadie en los círculos políticos imaginaba que la violencia pudiera terminar algún día. Aquel período fue particularmente doloroso para la sociedad española, ya que gran parte de las víctimas eran personas con un marcado reconocimiento social, lo que amplificó enormemente la repercusión mediática de los atentados.

La disolución oficial de ETA en 2018 marcó el cierre formal de más de cinco décadas de actividad terrorista que dejó cientos de víctimas y un profundo trauma en la sociedad española. No obstante, siete años después de aquel anuncio y quince años desde el fin de los atentados, el debate político sobre cómo abordar este capítulo de la historia nacional permanece abierto y polarizado.

La controversia se centra especialmente en la relación entre EH Bildu, formación política con representación parlamentaria, y el pasado violento de ETA. Mientras algunos sectores políticos consideran necesario distinguir entre la organización terrorista disuelta y las actuales formaciones políticas de la izquierda abertzale, otros mantienen la postura de que existe una continuidad ideológica que no puede ser ignorada.

Este desacuerdo no es meramente simbólico, sino que tiene implicaciones prácticas en la construcción de la memoria histórica y en la política actual. La imposibilidad de alcanzar un reconocimiento compartido sobre el fin del terrorismo etarra refleja las heridas que aún permanecen abiertas en la sociedad española y las dificultades para construir un relato común sobre uno de los períodos más dolorosos de la historia reciente del país.

La distancia temporal que ahora separa a la sociedad de aquellos años de violencia intensa no ha sido suficiente para generar el consenso necesario que permita cerrar definitivamente este capítulo. El debate continúa siendo un tema sensible que divide a las fuerzas políticas y que mantiene vigente la discusión sobre cómo enfrentar colectivamente el legado del terrorismo y el camino hacia la reconciliación.

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